Mi historia

Hola, soy Fran Callejón.

 

Durante años compartí mi vida en redes sociales, mis viajes y mi experiencia y ahora como padre de familia numerosa.

 

Pero hubo un momento que cambió por completo mi forma de entender la salud y el bienestar.

 

Días después de la Cirujia

Un momento que cambió mi forma de ver la salud

Esta fotografía me recuerda una de las etapas más difíciles de mi vida.

Nurivel no nació de una estrategia de marketing ni de una idea de negocio. Nació de una experiencia que cambió mi forma de ver la salud y el bienestar.

Todo comenzó el día que sufrí un grave accidente mientras reformaba una habitación de juegos para mis hijas. Estaba trabajando en el techo subido a unas escaleras metálicas cuando, en cuestión de segundos, perdí el equilibrio.

Recuerdo perfectamente aquel instante. Un segundo estaba trabajando y al siguiente estaba en el suelo.

La mala suerte quiso que, al caer, mi rodilla impactara violentamente contra una tabla de madera. El golpe fue tan fuerte que mi rótula quedó destrozada.

En esos momentos se te pasa de todo por la cabeza. Lo malo y también lo bueno. Recuerdo pensar que si en lugar de golpearme la rodilla me hubiera golpeado la cabeza, las consecuencias podrían haber sido mucho peores.

Me trasladaron de urgencia al hospital. Desde el primer momento supe que la lesión era grave. Vi cómo mi rodilla cambiaba de forma y se deformaba delante de mis ojos.

Tras las radiografías llegaron más pruebas, el ingreso hospitalario y finalmente la confirmación: tenía una fractura de rótula con estallido y un importante desplazamiento de los fragmentos óseos.

Al día siguiente entré en quirófano.

La cirujana que llevó mi caso fue muy sincera conmigo desde el principio. Me explicó que la lesión era complicada y que no podía garantizar una recuperación completa. Sin embargo, también me dejó muy claro algo que jamás olvidaría.

La operación era importante, pero la recuperación sería decisiva.

Insistió una y otra vez en que una buena rehabilitación marcaría la diferencia. No solo la rehabilitación física, sino también todo aquello que pudiera ayudar a mi cuerpo a recuperarse en las mejores condiciones posibles.

La rehabilitación fue probablemente la parte más dura de todo el proceso.

Tras la operación no podía ni siquiera apoyar el pie en el suelo. Durante semanas llevé una férula y posteriormente una estructura metálica que mantenía inmovilizada la rodilla. Mi día a día dependía completamente de las muletas.

Acciones tan simples como levantarme, moverme por casa o salir a la calle se habían convertido en auténticos retos.

Además, me encontraba con una dificultad añadida: soy alérgico a los antiinflamatorios. Mientras muchas personas recurren a ellos durante procesos de recuperación, para mí no eran una opción.

Fue precisamente durante esa etapa cuando descubrí la cúrcuma y otros complementos naturales que llevaban utilizándose durante generaciones en distintas culturas del mundo.

Aunque nada sustituye el trabajo de los profesionales sanitarios ni una buena rehabilitación, empecé a interesarme por alternativas naturales que pudieran formar parte de mi día a día.

Aquella situación también me llevó a replantearme muchos hábitos.

Decidí cuidar más mi alimentación, eliminé el azúcar de mi rutina diaria, dejé el alcohol y empecé a prestar mucha más atención a todo aquello que introducía en mi cuerpo.

A pesar de las limitaciones físicas y de pasar gran parte del tiempo inmovilizado, poco a poco fui perdiendo peso y empecé a sentirme mejor. No solo físicamente, sino también mentalmente.

Fue entonces cuando descubrí algo que acabaría cambiando mi forma de entender el bienestar.

Muchas de las fórmulas naturales que hoy conocemos llevan siglos e incluso miles de años utilizándose en diferentes partes del mundo. Plantas, raíces y extractos naturales que han acompañado a generaciones enteras mucho antes de que existieran muchos de los productos modernos que conocemos hoy.

Comencé a investigar, leer y aprender cada vez más sobre ellas.

No buscaba soluciones milagrosas. Buscaba entender qué hacía cada ingrediente, de dónde procedía y por qué había permanecido presente durante tanto tiempo en la historia de distintas culturas.

Aquella curiosidad acabó convirtiéndose en una pasión.

Y esa pasión fue la que años después dio origen a Nurivel.

No quería crear una marca con decenas de productos. Quería empezar con una selección de fórmulas que tuvieran sentido para mí, productos que yo mismo elegiría para formar parte de mi rutina diaria.

Hoy Nurivel representa precisamente eso: bienestar real para personas reales.

Y aunque mi recuperación me enseñó muchas cosas, quizá la más importante fue esta:

Nuestra salud es uno de los bienes más valiosos que tenemos y merece ser cuidada cada día.

Por eso, a día de hoy, hay algo que nunca falta en mi casa: mis complementos alimenticios. Forman parte de mi rutina diaria y representan el camino que comenzó el día que una caída cambió mi vida para siempre.

Fran Callejón
Fundador de Nurivel